somos escoria

A veces siento que me repito, pero no dejo de darle vueltas al mismo tema ¿cómo consiguen que no hayamos acabado con las estructuras de poder?

Eliminan derechos en todos los ámbitos, vulnerando incluso aquellos recogidos en la Declaración Universal de Derechos Humanos, como alimento, techo o sanidad, se ríen de las conquistas hechas por mujeres y obreros a lo largo de la historia. Se asientan en el poder de la mano de una clase empresarial que solo contempla para el proletariado la servidumbre como modo de vida.

Nuestros salarios de mierda en nuestros curros de mierda son cada vez más precarios, a medida que bajan los sueldos lo hacen los derechos. Miles de pisos vacíos han sido testigos mudos del desalojo de personas que fueron engañadas por bancos que, como buitres esperando la carroña, concedían créditos que ya sabían impagados para luego especular con esas propiedades cuyo precio había sido inflado, con las que les venían de regalo a través de los avales y con la deuda generada.

Y seguimos tan tranquilos, todos conocemos a alguien que lo está pasando realmente mal (si no somos nosotros ese alguien) nos rodean situaciones dramáticas y, al igual que ha pasado con la violencia gracias a la televisión, nos hemos inmunizado.

Vamos a dar una vuelta por cualquier ciudad, ¿qué es lo que vemos? lo que observo yo es que en Zara hay colas para pagar, que los centros comerciales están a tope, que despreciamos el bar de la esquina, el de toda la vida con la caña bien tirada, y nos vamos a la cadena de mierda con el precio inflado y la decoración uniforme, que pagamos 700 pavos (eso sí, en cómodos plazos) por un teléfono que en cuatro meses está obsoleto (mierda, ¡necesito el siguiente!), que ni miramos las facturas de luz y teléfono porque hemos asumido que nos van a robar, seguimos comprando productos elaborados en multinacionales que tienen a sus trabajadores esclavizados porque “molan más” (¿de verdad hay tanta diferencia entre Nike y Kine? si las ha cosido el mismo chino, solo que una en el turno de mañana y otra en el turno de tarde), que tragamos detritus televisivos en los que famosos de medio pelo se despellejan al amparo de un guión o decimos que amamos el deporte porque nos gusta el fútbol cuando perdió hace tiempo toda su esencia, pasando a ser el circo más importante que ahora nos ofrece el cesar.

La conclusión a la que llego es que no nos levantamos porque nos han hecho creer que nos gusta esta vida, mientras estemos al mismo nivel que nuestro entorno no nos sentiremos inferiores: yo soy un obrero, tengo un trabajo que ni me gusta, ni me hace crecer como persona, ni me hace feliz, pero es lo que hay y la cosa está muy mala, aún así tengo mi móvil último modelo, cada poco renuevo mi vestuario, un día a la semana ceno en la hamburguesería, pero no en la de mi barrio, alimento mi colesterol en esa que  te sirven plástico con glutamato y abre 24 horas, luego me tomo unas copas en la discoteca más cara, más de moda, más saturada y con la música más comercial, a ser posible que me sirvan el garrafón más mortifero que haya y los beneficios vayan a parar al empresario más corrupto de mi ciudad, ahora ya he cumplido como currito en fase descanso. Yo soy otro obrero, con un trabajo desmoralizante y mal pagado al igual que el de mi señora, con niños, nos cuesta llegar a fin de mes, pero a nuestros hijos no les falta el último modelo de videoconsola, como no tenemos tiempo les alimentamos a fuerza de comida insana y preparada, pero así están contentos, es la que les gusta, cuando quiero salir me llevo a mis hijos a tomar unas cañas, sin duda el mejor entorno para un niño es un local atestado de adultos borrachos hablando de gilipolleces, así socializan con los retoños de mis amigos, pueden comentar a lo que juegan mientras miran las pantallas de los dispositivos que les entretienen, así no me dan la vara. Yo soy otro obrero….

Todos nos creemos afortunados por nuestras posesiones, por nuestro estilo de vida, porque “hay gente que está peor”, asumimos eso como un hecho permanente, no como algo que podamos cambiar, miramos a otro lado ante las desgracias porque no queremos sentirnos culpables. Pensamos “a mí no me va a afectar, yo no voy a tener un cancer que no me pague la seguridad social” “eso no va conmigo, yo no me voy a quedar embarazada si no lo estoy buscando” “mi trabajo es seguro, siempre pagaré la hipoteca” “mi padre cotizó cuarenta años, ¿cómo le van a quitar la pensión?” “¿qué más da que estudien un poco de religión? no les va a hacer ningún mal”.

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Vivimos en una sociedad conformista y estúpida que teme perder las comodidades que tiene si levanta un dedo, seres individualistas que contemplan su ombligo sin ser conscientes del vacío de sus vidas y de lo que se les viene encima, pero que se han rendido ante las estructuras de poder.

Tenemos esta escoria de políticos, con esta esta escoria de sociedad porque formamos parte de esta escoria.

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